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obras- proyectos- experimentos - procesos
El fotógrafo que explora en procesos alternativos, analógicos a la naturaleza, con el tiempo tiende, inevitablemente a convertirse no sólo en un buen observador, sino también se hace en parte un químico, físico, botánico, creador, mago, alquimista, ingeniero, relator y operador de realidades.


Ascensión de mis muertos
"Ascensión de mis muertos" es una instalación que evoca el tránsito espiritual de las almas de nuestros ancestros desde el mar hacia el cielo. Como artista perteneciente al pueblo indígena Diaguita, mi obra se enraíza en la memoria ancestral y en las cosmovisiones que han tejido, por generaciones, la relación sagrada entre los mundos. Sobre moluscos, piedras y frutos marinos he impreso, mediante la técnica de la cianotipia, los rostros de quienes me precedieron, anclando su memoria en la materia que alguna vez habitó las aguas.
Suspendidos en una frágil estructura de hilos invisibles y resina —símbolo del agua—, estos fragmentos ascienden verticalmente, trazando un eje que enlaza el Hanan Pacha (mundo superior), el Kay Pacha (mundo terrenal) y el Ukhu Pacha (mundo interior), según la cosmogonía andina.
La disposición geométrica de las piezas responde a principios de geometría sagrada y a la morfología autosimilar de la naturaleza, donde cada elemento dialoga con la lógica fractal de lo vivo. Extendida de suelo a techo, la obra se erige como un puente ritual y silencioso, donde el mar se transforma en cielo y la memoria en luz.
Este trabajo se concibe como un gesto ceremonial, un acto simbólico que sólo a través del arte puede revelarse y entretejerse en nuestro hacer cotidiano. En tiempos donde la dimensión espiritual y comunitaria se desvanece, la instalación abre un umbral para restituir el vínculo con lo invisible: un territorio donde la memoria se enciende, los vínculos se reactivan y los ausentes regresan, no como sombras del pasado, sino como presencias vivas que nos
acompañan en el tránsito entre aguas y cielo.
Suspendidos en una frágil estructura de hilos invisibles y resina —símbolo del agua—, estos fragmentos ascienden verticalmente, trazando un eje que enlaza el Hanan Pacha (mundo superior), el Kay Pacha (mundo terrenal) y el Ukhu Pacha (mundo interior), según la cosmogonía andina.
La disposición geométrica de las piezas responde a principios de geometría sagrada y a la morfología autosimilar de la naturaleza, donde cada elemento dialoga con la lógica fractal de lo vivo. Extendida de suelo a techo, la obra se erige como un puente ritual y silencioso, donde el mar se transforma en cielo y la memoria en luz.
Este trabajo se concibe como un gesto ceremonial, un acto simbólico que sólo a través del arte puede revelarse y entretejerse en nuestro hacer cotidiano. En tiempos donde la dimensión espiritual y comunitaria se desvanece, la instalación abre un umbral para restituir el vínculo con lo invisible: un territorio donde la memoria se enciende, los vínculos se reactivan y los ausentes regresan, no como sombras del pasado, sino como presencias vivas que nos
acompañan en el tránsito entre aguas y cielo.


LA PALABRA PERDIDA, Relaciones fractales entre lo familiar y lo ancestral
A partir de una investigación que comienza el año 2022 en el Valle del Choapa y que recorre por sus valles transversales al igual como mis ancestros construyeron su propia lengua, desde las zonas del interior de Salamanca, Illapel para llegar finalmente al mar, atravesando la angostura mayor del país (90km de cordillera a mar) para llegar hasta la costa de Los Vilos. A partir de allí se desarrollan varios procesos de creación y búsqueda experimental que surgen desde la necesidad de plasmar y grabar el paisaje a través de procesos que lograran trabajar con la flora nativa sin intervenirla desde una perspectiva ritualista de quien intenta armonizar con lo sagrado y espiritual pero al mismo tiempo absober la experiencia que del paisaje emana y que permite dibujar la escena, el suceso y el entorno natural a modo de estudio biológico , etno- botánico , logrando extraer igualmente las características morfológicas del territorio.


Valle ancestral, Diurno / Nocturno. Obra en proceso 2022-2024
Políptico fotográfico doble (Día y Noche) con técnica de impresión lumen aplicada sobre la flora endémica de valles Illapel y Salamanca, IV región de Chile tales como (copaos, chañares, molles, espinos, etc) así como también otros elementos de origen vegetal, mineral y animal (piedras, cristales de cuarzo, esqueletos de insectos, tierra, huesos, etc) y que conforman parte del territorio ancestral, dibujando la ruta por la cual he transitado los dos últimos años mi vida en investigación y creación con técnicas de grabado experimentales que intervenien en su mínima posibilidad los espacios que trabaja, cuidando así del valor natural, patrimonial y espiritual que significan estos valles para quienes le habitan y para quienes tienen una conexión ancestral con la misma.
A partir de una investigación que comienza el año 2022 en el Valle del Choapa y que recorre por sus valles transversales al igual como mis ancestros construyeron su propia lengua, desde las zonas del interior de Salamanca, Illapel para llegar finalmente al mar, atravesando la angostura mayor del país (90km de cordillera a mar) para llegar hasta la costa de Los Vilos. A partir de allí se desarrollan varios procesos de creación y búsqueda experimental que surgen desde la necesidad de plasmar y grabar el paisaje a través de procesos que lograran trabajar con la flora nativa sin intervenirla desde una perspectiva ritualista de quien intenta armonizar con lo sagrado y espiritual pero al mismo tiempo absober la experiencia que del paisaje emana y que permite dibujar la escena, el suceso y el entorno natural a modo de estudio biológico , etno- botánico , logrando extraer igualmente las características morfológicas del territorio.
A partir de una investigación que comienza el año 2022 en el Valle del Choapa y que recorre por sus valles transversales al igual como mis ancestros construyeron su propia lengua, desde las zonas del interior de Salamanca, Illapel para llegar finalmente al mar, atravesando la angostura mayor del país (90km de cordillera a mar) para llegar hasta la costa de Los Vilos. A partir de allí se desarrollan varios procesos de creación y búsqueda experimental que surgen desde la necesidad de plasmar y grabar el paisaje a través de procesos que lograran trabajar con la flora nativa sin intervenirla desde una perspectiva ritualista de quien intenta armonizar con lo sagrado y espiritual pero al mismo tiempo absober la experiencia que del paisaje emana y que permite dibujar la escena, el suceso y el entorno natural a modo de estudio biológico , etno- botánico , logrando extraer igualmente las características morfológicas del territorio.


"BAJO TODOS LOS CIELOS", 2021.
La obra está construida por 40 fotografías en película instantánea que capturan una imagen del cielo . La creación de cada pieza que compone éste políptico fue realizada en el transcurso de una semana durante mi estadía en el pequeño poblado rural La Cocha, Provincia de Tucumán, Argentina.
Producto de una fuerte nostalgia de "lo propio" que me sobrecoge durante mi residencia en tierra extranjera, reflexiono en retratar ésta sensación que produce el cambio de geografía, modificando con ello un conjunto de signos culturales, sociales, idiomáticos, entre otros y que son vinculantes a un numero de personas, creando un sentido de pertenencia y una identidad colectiva. Estos rasgos comunes, específicos de cada tierra, le pertenecen a sus propios habitantes y es un pequeño universo visible al que no puede acceder el paseante o el turista a través de su viaje, aquello que le resulta nuevo es precisamente la distancia entre su realidad y la mía. Ello me impulsa a observar el cielo y registrarlo en búsqueda de un nuevo territorio posible, común a todas las tierras y sus realidades.
Este conjunto de colores y tonalidades de azul construyen por tanto un mapa del cielo, un registro de una pequeña porción de cielo que cubre mis experiencias en aquel lugar. Suprimiendo además la tierra y su imagen, proponiendo aquel espacio sobre nuestras cabezas como un territorio común, transversal. Allí en cada espacio aparentemente vacío, en el cual toda referencia visual quede suprimida o mas bien reducida a la interpretación y al recuerdo de quien le observa, permite a su lector devolverle su propio significado. Trabajando con la pérdida de los referentes tanto geográficos aquellos que son propios del lenguaje fotográfico, como profundidad de campo, enfoque, perspectiva, así como su valor de registro.
Cada pieza fotográfica fue creada en un momento significativo o específico de mis experiencias vividas en aquel poblado (conocer gente, conversaciones interesantes, salidas de campo en la naturaleza, eventos culturales, visitas inesperadas y un buen número de situaciones particulares en el camino). En cada una de estas situaciones realizo un disparo mi cámara justo por encima de mi cabeza hacia el cenit, manteniendo un registro visual sistemático, que no revela la imagen de lo sucedido sino el cielo que lo cubre.
Cada fotografía lleva un importante y significativo texto o rótulo de bajada, que juega con la idea de la representación e imaginación, escribiendo en la parte inferior cada pequeña experiencia vivida. Así mientras la fotografía encapsula en el aire aquel instante, el texto se convierte en imagen y nos relata su forma visible.
Producto de una fuerte nostalgia de "lo propio" que me sobrecoge durante mi residencia en tierra extranjera, reflexiono en retratar ésta sensación que produce el cambio de geografía, modificando con ello un conjunto de signos culturales, sociales, idiomáticos, entre otros y que son vinculantes a un numero de personas, creando un sentido de pertenencia y una identidad colectiva. Estos rasgos comunes, específicos de cada tierra, le pertenecen a sus propios habitantes y es un pequeño universo visible al que no puede acceder el paseante o el turista a través de su viaje, aquello que le resulta nuevo es precisamente la distancia entre su realidad y la mía. Ello me impulsa a observar el cielo y registrarlo en búsqueda de un nuevo territorio posible, común a todas las tierras y sus realidades.
Este conjunto de colores y tonalidades de azul construyen por tanto un mapa del cielo, un registro de una pequeña porción de cielo que cubre mis experiencias en aquel lugar. Suprimiendo además la tierra y su imagen, proponiendo aquel espacio sobre nuestras cabezas como un territorio común, transversal. Allí en cada espacio aparentemente vacío, en el cual toda referencia visual quede suprimida o mas bien reducida a la interpretación y al recuerdo de quien le observa, permite a su lector devolverle su propio significado. Trabajando con la pérdida de los referentes tanto geográficos aquellos que son propios del lenguaje fotográfico, como profundidad de campo, enfoque, perspectiva, así como su valor de registro.
Cada pieza fotográfica fue creada en un momento significativo o específico de mis experiencias vividas en aquel poblado (conocer gente, conversaciones interesantes, salidas de campo en la naturaleza, eventos culturales, visitas inesperadas y un buen número de situaciones particulares en el camino). En cada una de estas situaciones realizo un disparo mi cámara justo por encima de mi cabeza hacia el cenit, manteniendo un registro visual sistemático, que no revela la imagen de lo sucedido sino el cielo que lo cubre.
Cada fotografía lleva un importante y significativo texto o rótulo de bajada, que juega con la idea de la representación e imaginación, escribiendo en la parte inferior cada pequeña experiencia vivida. Así mientras la fotografía encapsula en el aire aquel instante, el texto se convierte en imagen y nos relata su forma visible.


Chile despierto. Archivos 2019-2021
El día 18 de octubre del año 2019 en Chile se dió inicio a lo que fué el acto performativo social más grande en el país desde la década de la vuelta a la democracia con el plebiscito de 1990 que terminaba con 17 años de dictadura militar.
La sinergia de aquel día, iniciada por un colectivo de estudiantes terminó por congregar a millones de chilenos , personas que salieron a las calles para devolver la voz al pueblo, para expresar en libertad el profundo descontento que se encontraba muy dentro de sí en cada ciudadano, no importando clase social, edad diferencia alguna que antes nos mantuvo silenciados, o dormidos o como se escribía en los muros de la capital por aquel entonces, y no hubo región de Chile que no se sumara y alzara su propia lucha... fué el despertar social inevitable de una sociedad valiente, astuta (aunque a veces no tanto) pero siempre dispuesta a dar la mano.
CHILE despierto es un homenaje que reúne registros fotográficos desde su inicio en octubre del 2019 hasta diciembre del año 2020. Registros cargados de vivencias colectivas únicas de éste periodo definitivo en la historia nacional, aunque como sociedad , no veamos su alcance y logro absoluto hasta el día de hoy.
Éste video fué proyectado a principios del año 2021 en Argentina con motivo de celebración de las mujeres que trabajamos en el arte, dando vida a estos relatos.
La sinergia de aquel día, iniciada por un colectivo de estudiantes terminó por congregar a millones de chilenos , personas que salieron a las calles para devolver la voz al pueblo, para expresar en libertad el profundo descontento que se encontraba muy dentro de sí en cada ciudadano, no importando clase social, edad diferencia alguna que antes nos mantuvo silenciados, o dormidos o como se escribía en los muros de la capital por aquel entonces, y no hubo región de Chile que no se sumara y alzara su propia lucha... fué el despertar social inevitable de una sociedad valiente, astuta (aunque a veces no tanto) pero siempre dispuesta a dar la mano.
CHILE despierto es un homenaje que reúne registros fotográficos desde su inicio en octubre del 2019 hasta diciembre del año 2020. Registros cargados de vivencias colectivas únicas de éste periodo definitivo en la historia nacional, aunque como sociedad , no veamos su alcance y logro absoluto hasta el día de hoy.
Éste video fué proyectado a principios del año 2021 en Argentina con motivo de celebración de las mujeres que trabajamos en el arte, dando vida a estos relatos.


"Una mujer que se ve en una fotografía", 2017.
A partir de la celebración del Festival Internacional de Fotografía Valparaíso el año 2017 bajo la temática; ¿A QUÉ DISTANCIA MIRAMOS LA DIFERENCIA? surge este proyecto realizado bajo la tutela del fotógrafo Walter Astrada, recorriendo diferentes comunas de la V Región, interactuando con breves conversaciones y fotografiando mujeres en sus calles, casas, lugares de compra, trabajo o entretenimiento, todo en técnica de película instantánea, operando con los códigos de la pieza única que éste material representa debido a la fragilidad y el poco control durante el proceso de la captura y cuya característica ha trascendido en la historia de la fotografía desde el momento de su creación.
UNA MUJER QUE SE VE EN UNA FOTOGRAFÍA
¿Cómo la fotografía puede ayudarnos en la búsqueda de una identidad visual femenina?
Refiriéndonos a una identidad externa propia, que nos da forma y nos presenta frente a un “otro”; llámese madre, amigo, profesora, jefe, esposa, y a todos delante de quienes enfrentamos una imagen nuestra distinta y quizás distante de nosotros mismos, algo así como una nueva posibilidad, no de lo que somos, sino de lo que proyectamos y ofrecemos al otro, casi como un indicio de lo que se es en realidad. Y es que podemos presentarnos distintamente con cada persona, entregando un identidad casi imperceptiblemente falsa, configuraciones que toman forma a partir de todas éstas imágenes aprendidas desde tu experiencia visual propia; fabricando aquello que puede revelarse como nuestra verdadera identidad, pero que abarca tan sólo una pequeña porción de su totalidad <<versiones de tu propia imagen>>. Ésta identidad corresponde al aspecto visual/visible, demostrable o comprobable de nuestra existencia y es además el territorio cognoscible por la fotografía, en todo el extenso que ésta pueda alcanzar.
UNA MUJER QUE SE VE EN UNA FOTOGRAFÍA
¿Cómo la fotografía puede ayudarnos en la búsqueda de una identidad visual femenina?
Refiriéndonos a una identidad externa propia, que nos da forma y nos presenta frente a un “otro”; llámese madre, amigo, profesora, jefe, esposa, y a todos delante de quienes enfrentamos una imagen nuestra distinta y quizás distante de nosotros mismos, algo así como una nueva posibilidad, no de lo que somos, sino de lo que proyectamos y ofrecemos al otro, casi como un indicio de lo que se es en realidad. Y es que podemos presentarnos distintamente con cada persona, entregando un identidad casi imperceptiblemente falsa, configuraciones que toman forma a partir de todas éstas imágenes aprendidas desde tu experiencia visual propia; fabricando aquello que puede revelarse como nuestra verdadera identidad, pero que abarca tan sólo una pequeña porción de su totalidad <<versiones de tu propia imagen>>. Ésta identidad corresponde al aspecto visual/visible, demostrable o comprobable de nuestra existencia y es además el territorio cognoscible por la fotografía, en todo el extenso que ésta pueda alcanzar.


La tierra, el cielo, yo, 2015.
Este trabajo corresponde al primer ejercicio del proyecto "Cuando una mujer abre sus ojos", el cual explora en la mirada de un colectivo de seis mujeres, que cumplen una amplia diversidad social y cultural así como en lo etario y generacional, cubriendo desde los ocho a los ciento diez años, habitando sectores altos y bajos, distintas ocupaciones, religión, raza y nación. Quienes mediante metodologías de entrevistas y ejercicios fotográficos, intentan responder desde su propia formación visual a la consideración que poseen de su entorno y de sí mismas, así no sólo van reflexionando desde lo verbal sino también desde la imagen.
Las fotografías tomadas por éste colectivo femenino se centran en la construcción visual de su entorno con tres imágenes que forman su mirada hacia lo alto y lo bajo de sí mismas. Éstas son representaciones del paisaje que oriente le ha dado como significado a sus extensa producción de imágenes verticales; el cielo, la tierra, y el yo, conceptos que constituyen el total de nuestro entorno físico, territorio en el que habitan nuestros ojos, pero que también integra al ser humano quien se encuentra en medio de todas las cosas, delimitados entre un suelo y un techo de una casa universal.
Este importante ejercicio de auto percepción así como de observación y reflexión del espacio y entornos propios responde a una confrontación cultural sobre nuestro occidentalismo (la cultura como adoctrinamiento) respecto de la cultura y mirada oriental, operando desde las verticalidades.
Las fotografías tomadas por éste colectivo femenino se centran en la construcción visual de su entorno con tres imágenes que forman su mirada hacia lo alto y lo bajo de sí mismas. Éstas son representaciones del paisaje que oriente le ha dado como significado a sus extensa producción de imágenes verticales; el cielo, la tierra, y el yo, conceptos que constituyen el total de nuestro entorno físico, territorio en el que habitan nuestros ojos, pero que también integra al ser humano quien se encuentra en medio de todas las cosas, delimitados entre un suelo y un techo de una casa universal.
Este importante ejercicio de auto percepción así como de observación y reflexión del espacio y entornos propios responde a una confrontación cultural sobre nuestro occidentalismo (la cultura como adoctrinamiento) respecto de la cultura y mirada oriental, operando desde las verticalidades.


"Cuando una mujer abre sus ojos", 2015.
Junto con el nacimiento de la fotografía, nace una problemática visual evidente como resultado de una técnica y que ha predominado en la práctica de éste oficio hasta nuestros días. Ésta consiste esencialmente, en la disposición que el fotógrafo tenía para desarrollar dicho trabajo, cuando al emplear una cámara hacemos de nuestra amplia mirada una pequeña ventana a través de la cual observamos con un solo ojo, permitiendo al aparato mecánico dominar sobre la experiencia. Alude D. Hockney (1988) que “todas las fotografías corrientes han sido tomadas por un hombre congelado y tuerto”. Y más relevante que aquello es la postura visual que enfrenta el hombre en su cotidiano, pues ésta alusión fotográfica es un perfecto retrato de los conflictos culturales de hoy. Sumergidos en pequeños mundos propios que se construyen en base a imágenes planas, superficies saturando superficies, educando el ojo de nuestra sociedad.
Pero ¿Por qué el sentido de la vista nos parece tan importante?
Este trabajo está compuesto por dos esquemas fotográficos; el primero explora en la mirada de un colectivo de seis mujeres, que cumplen una amplia diversidad social y cultural así como en lo etario y generacional, cubriendo desde los ocho a los ciento diez años, habitando sectores altos y bajos, distintas ocupaciones, religión, raza y nación. Quienes mediante metodologías de entrevistas y ejercicios fotográficos, intentan responder desde su propia formación visual a la consideración que poseen de su entorno y de sí mismas, así no sólo van reflexionando desde lo verbal sino también desde la imagen.
Las fotografías tomadas por éste colectivo femenino se centran en la construcción visual de su entorno con tres imágenes que forman su mirada hacia lo alto y lo bajo de sí mismas. Éstas son representaciones del paisaje que oriente le ha dado como significado a sus extensa producción de imágenes verticales; el cielo, la tierra, y el yo, conceptos que constituyen el total de nuestro entorno físico, territorio en el que habitan nuestros ojos, pero que también integra al ser humano quien se encuentra en medio de todas las cosas, delimitados entre un suelo y un techo de una casa universal.
El segundo esquema corresponde a retratos hechos a éstas mujeres a través de la visión puramente fotográfica, así se dispone una cámara artesanal como las de la antigüedad con un estenopo o agujero por el que se filtra la luz y con la que se obtienen imágenes azarosas producto de los detalles o defectos del aparato que se aparta de la mecánica para poder observar con su propio ojo. Así los resultados, encontrándose bajo la autoría de la luz más
que de cualquier otra manipulación consciente que le opere, ofrecen la honestidad de una estética cargada de impresiones propias de la naturaleza fotográfica y que sin embargo consideramos errores ópticos, los cuales nos hemos esforzado en ocultar.
Ambos esquemas fotográficos construyen el lenguaje que retoma una mirada antigua y la dirige hacia un problema moderno.
Pero ¿Por qué el sentido de la vista nos parece tan importante?
Este trabajo está compuesto por dos esquemas fotográficos; el primero explora en la mirada de un colectivo de seis mujeres, que cumplen una amplia diversidad social y cultural así como en lo etario y generacional, cubriendo desde los ocho a los ciento diez años, habitando sectores altos y bajos, distintas ocupaciones, religión, raza y nación. Quienes mediante metodologías de entrevistas y ejercicios fotográficos, intentan responder desde su propia formación visual a la consideración que poseen de su entorno y de sí mismas, así no sólo van reflexionando desde lo verbal sino también desde la imagen.
Las fotografías tomadas por éste colectivo femenino se centran en la construcción visual de su entorno con tres imágenes que forman su mirada hacia lo alto y lo bajo de sí mismas. Éstas son representaciones del paisaje que oriente le ha dado como significado a sus extensa producción de imágenes verticales; el cielo, la tierra, y el yo, conceptos que constituyen el total de nuestro entorno físico, territorio en el que habitan nuestros ojos, pero que también integra al ser humano quien se encuentra en medio de todas las cosas, delimitados entre un suelo y un techo de una casa universal.
El segundo esquema corresponde a retratos hechos a éstas mujeres a través de la visión puramente fotográfica, así se dispone una cámara artesanal como las de la antigüedad con un estenopo o agujero por el que se filtra la luz y con la que se obtienen imágenes azarosas producto de los detalles o defectos del aparato que se aparta de la mecánica para poder observar con su propio ojo. Así los resultados, encontrándose bajo la autoría de la luz más
que de cualquier otra manipulación consciente que le opere, ofrecen la honestidad de una estética cargada de impresiones propias de la naturaleza fotográfica y que sin embargo consideramos errores ópticos, los cuales nos hemos esforzado en ocultar.
Ambos esquemas fotográficos construyen el lenguaje que retoma una mirada antigua y la dirige hacia un problema moderno.


¿Podemos recordarnos?, 2014.
Proyecto fotográfico que recrea los paisajes visuales dentro del útero materno durante los 9 meses de gestación. Es a partir de la investigación previa (Lennart Nilsson , "A child is born") y la construcción de dioramas que replican y alegorizan con la idea de ésta, nuestra primera casa.
La exhibición de las imágenes obtenidas son retro proyectadas en dispositivos de luz diseñados por la artista para operar dentro del espacio de emplazamiento, donde las texturas y sensaciones relativas al proceso de intimidad son fundamentales para transmitir lo que objetivamente son nuestros propios recuerdos perceptuales, la luz y el color juegan dentro de una habitación oscura cargada de memorias desvanecidas.
La exhibición de las imágenes obtenidas son retro proyectadas en dispositivos de luz diseñados por la artista para operar dentro del espacio de emplazamiento, donde las texturas y sensaciones relativas al proceso de intimidad son fundamentales para transmitir lo que objetivamente son nuestros propios recuerdos perceptuales, la luz y el color juegan dentro de una habitación oscura cargada de memorias desvanecidas.


"Estoy pariendo a mi madre" 2013.
Cuando una madre abandona el hogar; una niña abandona su infancia.
Este trabajo comprende un acto performativo frente a la cámara fotográfica que trabaja con el recuerdo y su imagen, en un juego visual de retrato y autorretrato espejado. Este ejercicio performático transcurre durante las 24 horas continuadas del día y su noche , mas la hora 25, la hora nueva.
Cada hora responde a lecturas diferentes de luz, siendo la naturaleza misma la entre luces y sombras va actuando tanto en el espacio como en la imagen fotográfica dejando aparecer y desaparecer las formas de una ausencia, dibujando el vacío intermedio o faltante entre un cuerpo y una mujer que se hace recuerdo.
Este trabajo comprende un acto performativo frente a la cámara fotográfica que trabaja con el recuerdo y su imagen, en un juego visual de retrato y autorretrato espejado. Este ejercicio performático transcurre durante las 24 horas continuadas del día y su noche , mas la hora 25, la hora nueva.
Cada hora responde a lecturas diferentes de luz, siendo la naturaleza misma la entre luces y sombras va actuando tanto en el espacio como en la imagen fotográfica dejando aparecer y desaparecer las formas de una ausencia, dibujando el vacío intermedio o faltante entre un cuerpo y una mujer que se hace recuerdo.
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